jueves, 24 de noviembre de 2005
Las últimas declaraciones del alcalde en relación a la plaza de toros de La Línea no hacen más que constatar su particular visión sobre los modos de cómo conducir la gestión municipal. Las repuestas con que recibe las críticas y las propuestas sensatas de la oposición suelen estar llenas de soberbia y de cierto cinismo. Entendemos ahora por qué siempre ha evitado un debate público sobre el estado general de la ciudad, debate que pondría en evidencia ante la opinión pública, el verdadero rostro del Sr. Alcalde.
Esta última batalla, que ha supuesto el asunto de la Plaza de toros, en la que la mayoría del pueblo se ha manifestado en contra del derribo y de la posterior venta, está generando una crispación exagerada en el equipo de gobierno, que sólo sería explicable bajo la suposición más que creíble de que, en realidad, el motivo de esta “pataleta” son los presuntos intereses especulativos urbanísticos que se escondían y que ahora han quedado de una vez por todas abortados.
Resulta cuando menos curioso que el Partido Popular aprobara en Pleno el proyecto de rehabilitación elaborado por el arquitecto municipal, hoy condenado al ostracismo, en 1997 y que seguidamente, en cuanto que el GIL llegó al poder manifestara su codicia especulativa e incluyera en su programa electoral el derribo de una plaza “ruinosa”.
Esto último demuestra la falsedad de sus afirmaciones y que han sido el GIL y después el PP los que la han dejado deliberadamente deteriorarse, para tener argumentos a la hora de demolerla y conseguir vender más terreno municipal para financiar esta alocada carrera hacia la ruina en la que nos han metido.
Por otra parte, rehabilitar la plaza de toros no sería ningún problema si los 2.800 millones de pesetas provenientes de ventas de suelo municipal no se hubiesen empleado en mantener la costosa y despilfarradora política de este equipo de gobierno.
Estos 2.800 millones, que no se sabe dónde están y que según la ley deben ser usados en compra de terrenos y mantenimiento de patrimonio municipal, son dinero público, como lo es el dinero que todos los ciudadanos pagamos con nuestros impuestos; todos menos el Ayuntamiento, que hace años que no sólo no paga ni la Seguridad Social ni el I.R.P.F a Hacienda, sino que además se queda con el dinero que se le retiene a los trabajadores del Ayuntamiento.
Con estos planteamientos para la ciudadanía es cada vez más claro que en el fondo la actitud del alcalde viene determinada, primero por el ansia de hacer presuntamente negocio con el solar de la plaza de toros y, segundo, por el despilfarro de dinero público que ha hecho vaciar las arcas municipales y carecer de los fondos necesarios para la rehabilitación de la Plaza de Toros.
Publicado por psoelalinea @ 10:07
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