De todos es sabido la natural tendencia de los miembros del equipo de gobierno a negar las evidencias que demuestran la ineptitud y la dejadez con la que nuestros gestores administran lo público en nuestra ciudad.
Uno de esos ejemplos es la empecinada actitud del concejal de deportes, Jesús Soler, en mantener que la gestión del Instituto Municipal de Deportes es impecable y positiva. Tras numerosas reuniones con las asociaciones y usuarios de las instalaciones municipales es de todos sabido el descontento general que reina entre los practicantes de deportes en nuestra ciudad.
No solamente constituye un disparate a nivel económico ( recordemos que de un presupuesto de 1.223.000 € más de la mitad se dedica a sus jugosos sueldos ) sino que por el contrario no ofrece a los ciudadanos un servicio mínimamente digno y asequible.
El caso del Pabellón Polideportivo de La Línea deja claro este punto. Es lamentable ver cómo, aparte de los daños estructurales que este señor se niega a reconocer, el pabellón se ha ido deteriorando por falta de mantenimiento y de interés, condenando a los usuarios a utilizar unas instalaciones bochornosas, como lo son los vestuarios y demás dependencias, y que hacen enrojecer de vergüenza a los deportistas linenses cada vez que un equipo foráneo viene a jugar a nuestro pabellón y les hace preguntarse, cuando van a jugar a cualquier punto de la provincia, por qué nuestra ciudad no dispone de instalaciones en condiciones como en las demás localidades gaditanas.
Desde su responsabilidad, el señor Soler debería tomar cartas en el asunto y acometer un verdadero proyecto de remodelación y adecentar las instalaciones del Pabellón que, por ser el único de nuestra ciudad, actúa como bandera y escaparate del deporte linense cada vez que se realiza un acontecimiento deportivo a nivel comarcal o provincial.
Esta actitud no sólo debe aplicarse al caso del Pabellón. Son muchos los problemas que se dan en la ciudad deportiva en relación a sus instalaciones, como son los campos de fútbol, o en los servicios ofrecidos a las distintas asociaciones, como son la más que exiguas subvenciones que, además, se pagan tarde o no se pagan.
A la vista de esta situación, decir que la gestión del IMD es perfecta nos parece un ejercicio de demagogia, cuando no de cinismo, impropio de alguien que tiene como responsabilidad gestionar los servicios que todos pagamos con nuestros elevadísimos impuestos.