En primer lugar, podríamos decir que la filosofía urbanística del PGOU propuesto por el grupo popular a la ciudadanía no es más que la extrapolación a nuestra ciudad de lo ideado por el Gil durante la década de los noventa para la ciudad de Marbella. En otras palabras, el PGOU presentado por el PP carece de un modelo de desarrollo territorial, pues, desde nuestro punto de vista, obedece a criterios coyunturales de clara oportunidad inmobiliaria. Esta falta de racionalidad impide una visión general del Plan, y pone de manifiesto que el desarrollo de la ciudad se vincula a la iniciativa privada mediante convenios urbanísticos. Evidentemente, un plan hecho a la carta y conforme a los intereses inmobiliarios de las empresas privadas difícilmente puede satisfacer los intereses generales de los ciudadanos. Tanto es así que, en ningún momento, se hace compatible el desarrollo de la ciudad con la salvaguardia y protección de espacios de dominio público o de significativa valía histórico- artística. Pues, por ejemplo, se proponen el derribo de la Casa de la Cultura y el Museo Cruz Herrera, en los que se proyecta construir edificaciones de cinco plantas; el derribo de la Jefatura de Policía Municipal en que se erigirá un edificio de 11 plantas en el solar resultante, y la eliminación de la Plaza de Toros para ser sustituida por una edificación de 20 plantas.
Tampoco se ve por ninguna parte, la previsión de infraestructuras y la conservación de los equipamientos, que permitan, por ejemplo, establecer una correcta jerarquización de la red viaria. Cosa increíblemente inexplicable si consideramos el hecho de que el propio PGOU reconoce que el suelo urbano en la zona centro al sur de la calle Cartagena albergará un total de 5.170.000 m2 de techo edificado, a los que habrá que sumar los techos correspondientes a los suelos urbanizables y los de los suelos urbanos clasificados al norte de la calle Cartagena, lo que arrojan unas previsiones de población de más de 350.000 habitantes, estableciendo un crecimiento de población del 700% en los próximos ocho años.
Este breve repaso por algunas de las propuestas del PP, que continuaremos, nos hacen pensar que difícilmente podemos creer en la sana voluntad política del PP, y deja por sentado que la enfermiza codicia urbanística del extinto Gil anda vivito y coleando en las mismísimas entrañas del PP linense.