Los argumentos esgrimidos por el alcalde para intentar salvar la vergonzosa situación en la que han colocado a La Línea respecto a la deuda con el Consorcio de Bomberos demuestran una vez más como el cinismo y la demagogia dirigen la política de estos nefastos gestores.
Hay que recordarle al sr. Juárez que la Ley de Régimen Local establece claramente que una de las competencias de los Ayuntamientos de más de 20.000 habitantes es la de ofrecer el servicio de bomberos, cosa que, contrariamente a lo que él dice, hacen la mayoría de ayuntamientos.
Ahora que el caos económico ha invadido al consistorio, dicen que hay que cambiar el modelo de financiación de este servicio. Y no sólo el de este servicio, también quieren ahora que la Junta de Andalucía arregle los desperfectos de las vías de saneamiento, se haga cargo de la mayoría de los servicios sociales y un sinfín de atribuciones que hace preguntarnos qué funciones deja este modelo para el Ayuntamiento aparte de las comilonas y los viajes.
Parece que a medida que Juárez se queda sin recursos y sin capacidad para ofrecer los servicios mínimos que los ciudadanos requieren y se merecen como contribuyentes, intenta que las administraciones supramunicipales les saque las castañas del fuego. No contento con esa irresponsable actitud se permite el lujo de utilizar el dinero de las subvenciones recibidas a su antojo, véase Centro de Levante, Mercado de La Línea y Punto Limpio, incumplir los convenios como es el caso de la Piscina Cubierta y aumentar año tras año la deuda con la Seguridad Social y el Ministerio de Hacienda.
Como contrapartida ante este disparate impropio de un regidor mínimamente sensato, la opción del alcalde para salir de esta situación no es otra que vender todo lo vendible y dejar a la ciudad sin patrimonio al mismo tiempo que acribilla a los ciudadanos con subidas de impuestos que hacen cada vez más difícil sustentar las maltrechas economías de los linenses.
Ante esta situación la percepción de muchos ciudadanos es que el castillo de naipes que Juárez ha construido se derrumba por momentos y hace cada vez más evidente el fracaso de una gestión que, como él prometió, convertiría a La Línea en una segunda Marbella. Esperemos que no sea así.